Con Argentina sintiéndolo más por tener una economía drásticamente debilitada, las condiciones de los mercados financieros de todas partes es más o menos la misma: la inflación está presionando, los gobiernos advierten que de un momento a otro la suba de tasas va a llegar y mientras eso sucede son cada vez más los inversores que se van bajando de posiciones más riesgosas, mudándose a colocaciones que lucen como más seguras frente a un futuro que es absolutamente incierto.
Tomando los mercados de mayor a menor, por volumen operado y en consecuencia por impacto y relevancia en los efectos secundarios, ayer hubo tres datos internacionales que hicieron girar la cabeza a los inversores globales.
- Muy temprano, cuando los mercados norteamericanos todavía no habían abierto, desde el directorio del Banco de Inglaterra deslizaron que están a las puertas de endurecer la política monetaria.
- Horas después se supo que EE.UU. tuvo el menor pedido de ayuda de desempleo desde marzo de 2020 (se esperaban 350.000 y hubo 360.000 solicitudes, cuando en el pico del virus ese país llegó a tener más de 6.000.000 de personas pidiendo ayuda por desocupación).
- Quizás el más relevante, el jefe de la Fed Jerome Powell le puso fecha al inicio de la discusión del tapering: el 27 de julio (en menos de dos semanas) anunciarán en qué momento dejan de comprar papeles respaldados por hipotecas.
Estos tres datos significaron para los inversiones del mundo la presencia de un cartel que se escribió con tiza hace un par de meses, pero que ya empieza a tener letras con luces iluminadas con una leyenda temida para los inversores de riesgo: “El fin del dinero gratis está muy cerca“.
Por supuesto, Jerome Powell sigue bailando su minué, con un paso adelante, otro hacia atrás y alguno hacia los costados. Sigue afirmando que la presente inflación no es permanente, sino transitoria, pero que si llega a seguir manifestándose, con el empleo recuperándose, la Fed dejará de comprar parte de los bonos por US$ 120.000 millones por mes que compra (80.000 millones en bonos del Tesoro y 40.000 millones en papeles hipotecarios), con el objetivo de que Wall Street no se desplome en medio de la pandemia, agregándole a la presente catástrofe sanitaria un caos financiero, lo cual derivaría en una situación insospechada.
¿Tiene razón Powell? ¿Es transitoria la presente inflación? ¿Obedece a problemas de la oferta por trabas en la producción por el virus? ¿O es acaso el final de la pandemia y la recuperación del consumo? Ayer, por ejemplo, el petróleo estuvo otra vez en baja, con los ojos de todos en la Opep, para ver si hay fumata de la paz entre árabes, y rusos. Los metales básicos estuvieron titubeantes, reflejando que la demanda de las industrias no es tan intensa. Pero los granos volvieron a subir: el hambre no espera, el clima mundial dista de ser ideal, y los valores crecieron otra vez en Chicago y en Rosario.
Pero lo particular del caso es que, mientras la Fed y el presidente Joe Biden siguen estimulando a su economía con dólares, y con el Banco Central Europeo trabajando en la misma línea, los inversores no abandonan el dólar, sino todo lo contrario: suman posiciones en esa moneda y, además, como intuyendo un momento difícil por venir, empiezan a comprar bonos del Tesoro, abandonando las criptomonedas que ya no son refugio y ayer bajaron 4%, con algunos tomando alguna posición en metales preciosos, sobre todo en la onza de plata, que está más lejos del techo histórico que tiene el oro.
El dólar en el exterior
Con ese contexto, en el exterior el dólar subió 1,4% en Chile, 0,8% en Brasil, 0,5% en México, 0,2% contra el euro y la libra y bajó 0,1% en Japón. Mientras que las renovadas compras de bonos del Tesoro de EE.UU. hicieron subir los precios contado y bajar las tasas largas de esos títulos: ayer la tasa a 5 años fue del 0,77% anual, la tasa a 10 años del 1,3% y la tasa a 30 años del 1,92% anual (cuando hace un mes estaba arriba del 2,5%).
En Argentina por supuesto, como siempre decimos, se juega un partido completamente diferente. Aquí, con baja vacunación y alta mortalidad en este momento, y con alta emisión de moneda sin respaldo, tenemos un cuadro cambiario completamente maniatado: ayer operaron en el mercado un total de 14 dólares, la mayor parte de los cuales tuvieron negocios limitados porque los grandes jugadores no están habilitados para negociar, lo cual provocó valores quietos en los dólares financieros libres, una nueva suba del blue, y un estiramiento de los nuevos canales usados para dolarizarse sin parar: el dólar Senebi sigue muy cerca del blue y los dólares que se transan con Cedears o criptomonedas estiraron sus brechas, con cada vez más clientes que se animan a operar en esas modalidades.
El mercado local
La Bolsa porteña, en cambio, refleja perfectamente lo que está pasando. El volumen operado se redujo a la mitad, y lo que se opera se negocia en papeles extranjeros: lo nacional casi no se toca. El cambio de tendencia se dio con la postergación en la negociación con el FMI (que ayer confirmó que no se mueve de su acuerdo a diez años, con un programa convencional y sin la mayor flexibilidad que pretende Argentina. Con eso, la suba de los papeles locales terminó. Y de operar un promedio diario de 1.800 millones de pesos en acciones argentinas en la primera quincena de junio, se pasó a apenas 780 millones de pesos diarios en la primera quincena de julio que terminó ayer.
En números concretos, con $622 millones operados en acciones y $2.843 millones en Cedears, la Bolsa de Buenos Aires bajó otro 0,7%. Y con los ADR argentinos que operan en Nueva York mostrando un plano inclinado: hubo unas pocas subas como Loma Negra y Telecom, pero luego hubo mayoría de precios a la baja, encabezados por YPF, Edenor, Macro e IRSA Propiedades.
¿Qué se viene? Estamos a casi una semana del cierre de listas y a casi ocho semanas de las PASO. Supuestamente, dentro de dos lunes los políticos empezarán a hacer campaña, diciendo lo que piensan hacer para sacar al país del presente atolladero. La PASO puede dividir aguas: en la PASO anterior el mercado se dio vuelta. Y ayer se conoció una verdad que quizás sea el centro de todo este problema: el mismísimo Ministerio de Trabajo dijo que el sueldo promedio de un empleado público argentino es de $108.963 mientras que el de un empleado privado alcanza sólo los $85.979.
Muchos observadores externos advierten: hasta que no den vuelta esa relación, el empleo privado no va a crecer porque la gente se siente muy cómoda en un Estado que la protege, y allí no tiene que romperse la cabeza para poder buscar soluciones para ganarse la vida y salir adelante.
Fuente: El Economista
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