El regreso de los créditos hipotecarios UVA trajo aire fresco al mercado inmobiliario, pero también volvió a instalar la gran traba de siempre: los altos ingresos que piden los bancos para poder acceder. Hoy son 24 las entidades que ofrecen préstamos, y entre enero y julio ya se desembolsaron unos US$ 1.792 millones, más que todo lo otorgado entre 2019 y 2024. Sin embargo, el monto sigue lejos del boom de 2018, cuando en el mismo lapso se colocaron US$ 3.150 millones.
La clave está en la relación cuota/ingreso, que en la mayoría de los bancos no puede superar el 25% del salario neto. Así, quienes quieren sacar un préstamo de $100 millones (unos US$ 83.300) deben demostrar sueldos que duplican o triplican los ingresos promedio de los trabajadores formales.
Banco Nación: exige un ingreso mínimo de $2.026.741 con cuota inicial de $506.685 a 30 años (tasa 4,5%).
Galicia: pide $3.768.800, con cuota de $942.200 (11,5%).
BBVA: $3.396.504, cuota $849.126 (9,5%).
Santander: $3.902.864, cuota $975.716 (10,5%).
Banco Ciudad (20 años): $3.450.800, cuota $862.700 (8,1%).
El resto de las entidades (Hipotecario, ICBC, Macro, Patagonia) se mueven en la misma franja, con ingresos mínimos de entre $3,4 y $3,6 millones para créditos a 20 o 30 años.
Más allá de las tasas relativamente bajas, las cuotas se actualizan por inflación. Y aunque el Indec registró un 1,6% en junio, el riesgo de aceleración futura obliga a los tomadores a prever un colchón financiero. En la práctica, aun con la reaparición de las hipotecas, la vivienda propia sigue siendo un objetivo lejano para gran parte de la clase media.
Fuente: El Economista
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