La histórica y extraordinaria oportunidad del presidente Alberto Fernández de poder reunirse cara a cara en las próximas semanas con los presidentes de las dos economías mas poderosas del mundo, en un momento de grandes replanteos políticos y económicos, podría tener un considerable y muy positivo impacto para la economía argentina, si se consigue sintonizar bien con la ambiciosa agenda medioambiental que ambos lideres están promoviendo, particularmente en lo que se refiere a la transición energética y la decidida apuesta por las energías renovables.
La convocatoria del presidente Joe Biden del próximo 22 de abril no es un simple gesto diplomático sino la constatación de que la lucha por el Cambio Climático será un signo distintivo de su política exterior. Y refleja su firme voluntad de apostar decididamente por las energías limpias no solo para cumplir con las metas del Acuerdo de París, abandonadas en su momento por Donald Trump, sino que ha trascendido que podría anunciar su voluntad de duplicar esos compromisos, en los días previos a la cumbre.
La apuesta de Biden es, a su vez, permanentemente empardada por el Presidente Xi Jinping de China. No hay que olvidar que China tiene ya una posición dominante en la mayoría de las tecnologías, cadenas de valor y materias primas críticas para esta transición energética. Controla el 80% del mercado mundial de Tierras Raras, 75% del de baterías de litio, 70% del de panales solares y 50% del de vehículos eléctricos.
Por tanto, alinear las agendas en el tema medioambiental con China no solo podría dar un impulso a grandes proyectos en energía renovables, sino que podría servir para quitar de la agenda del Presidente Fernández el tema de la cuarta central nuclear, que es una apuesta que va a contramano de nuestros intereses por su elevadísimo costo, incompatibilidad tecnológica, alto riesgo, ruido diplomático y, por sobre todas las cosas, por carecer de sentido económico. Argentina tiene en las renovables una opción mucho más inteligente, económica, flexible, asequible y sustentable.
El caso de Vaca Muerta
En merito a la brevedad y a riesgo de una necesaria, pero muy atrevida simplificación, dado el alcance, sensibilidad y complejidad de esas agendas de tan alto nivel, haré un zoom aquí al caso concreto de Vaca Muerta, presentado como tabla de salvación en gobiernos anteriores y conservada en el actual, como si a fuerza de insistir se pudiesen cambiar unos números que simplemente hoy no dan, y menos aún darán mañana.
En efecto, la inevitable transición energética que estamos observando a escala global implica un cambio económico tectónico, particularmente para la industria del gas y el petróleo, que presenta un declive estructural mas profundo y sostenido desde su último ciclo descendente, que contrasta fuertemente con el apetito de los inversores por las energías renovables que ofrecen mejores y mas duraderos retornos en el horizonte previsible. De allí que las grandes petroleras estén acelerando su transición a las energías limpias mediante el desarrollo de nuevos proyectos eólicos y solares complementados con grandes fuentes de almacenaje, particularmente hidrógeno. Esto es puro realismo económico.
Si esto es cierto hasta para las líderes a nivel mundial, incluidas las empresas del golfo que disponen de recursos mucho mas competitivos en cantidad y calidad, como no va a serlo para Vaca Muerta, que solo se sostiene con cuantiosos y no sostenibles subsidios del Estado.
Negar esta realidad solo perpetuaría una mala asignación de recursos. Reconocerla, sin embargo, podría ser el primer paso para empezar a evaluar seriamente otras opciones con más y mejores perspectivas de futuro. En particular, la de la energía eólica off-shore.
Fuente: El Economista
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