Mercados: ahora preocupa el pedal de la IA, tras el berrinche de las tasas largas
La moderación de las tasas largas en Estados Unidos coincide con una creciente preocupación por el financiamiento de la inteligencia artificial, el endeudamiento de las empresas tecnológicas y el impacto de la guerra sobre la inflación. Mientras los inversores recalibran sus expectativas, el mercado pone a prueba la solidez del auge de la IA y sus posibilidades de sostener el rally bursátil.
La buena noticia es que las tasas largas cayeron un cuarto de punto desde su techo fugaz del miércoles pasado ni bien se conoció el salto de la inflación de septiembre. Los precios al consumidor subieron 3,7% en los últimos doce meses impulsados por un aumento de 20,4% en el costo de la energía. La tasa de diez años rozó 5,34% por culpa de una lectura una décima mayor a lo esperado. Pero se recompuso en el acto y cerró el viernes en 5,085%. ¿Adiós al berrinche? Sí. Era hora. De súbito, la curva de bonos, goza, no de buena salud, pero sí de ánimo excelente. No se acaba el mundo. O, mejor dicho, puede que sí. Y en ese caso los mercados no lo dudan: la deuda del Tesoro será el refugio, por así decirlo, de la calidad.
La mala noticia es el aluvión de shocks que se descolgó incesante en una semana corta. Otra que el Super Niño. La inflación aportó un aguacero terrible. Los precios minoristas treparon 0,6% mensual en septiembre. La versión núcleo, 0,3%. Las guerras hicieron la diferencia (ya no es solo Irán, Ucrania interesa por la escasez de diesel). Los precios de los alimentos se mantuvieron, la energía se encareció 5,2%. En el mes, la nafta subió 9,1%. El fuel oil, 15,3%. El general Trump, se escribió en abril, le arruinó los planes al presidente Trump. Y no consigue hacer las paces. Por su beligerancia, los precios mayoristas se inflaron 1,3% (2,6% el renglón de bienes físicos). Los precios de importación se elevaron 1,1% (8,1% interanual). Los de exportación, 2,2% (11,6% interanual).
¿Cuándo calmará la borrasca? El pronóstico es que primero arreciará. En la semana la cotización del crudo Brent ascendió 5%. El viernes el barril se encaramó a los 110 dólares, su valor más alto desde mayo. Las negociaciones para forjar una tregua no prosperaron. Irán ataca con drones los barcos que navegan por el estrecho de Ormuz con un ojo puesto en los precios al surtridor y sus efectos en las elecciones del 3 de noviembre. Y Vladimir Zelenski, el presidente ucraniano, ratificó que no dejará de hostigar las refinerías rusas que es el tema de la agenda europea que, por las mismas razones, más molesta a Trump.
Sobre llovido, mojado. No fue solo la inflación, lo que hubiera sido devastador para los bonos. Ni la confirmación del déficit fiscal cercano a los dos billones de dólares, 12% mayor que el del ejercicio anterior, y el más abultado de los últimos cinco años. Para fortuna de la curva se desató también un alud de convulsiones que zamarreó a la IA. Y no hay otra historia que importe más. Ella decide el curso de los mercados.
Primero fue una compañía china – CXMT – que lanzó una plataforma de nuevos chips de memoria – que hizo crujir las cotizaciones de sus competidores como Samsung Electronics, SK Hynix y Micron. Entiéndase: se trata de la promesa de una mayor oferta de un ítem escaso, crucial para el desarrollo de la IA. Pero incluso así es un revulsivo como todas las sorpresas que proceden de China. Se vio en enero de 2025 cuando irrumpió Deepseek con su modelo de IA de muy bajo costo. O en fecha más reciente, Kimi 3 con su versión para la programación de agentes altamente sofisticada. Los beneficios de la IA deben ser monetizados por las compañías en el portafolio para que resulten una buena inversión. El gasto de capital es monstruoso. Y en un mercado tan innovador como competitivo no hay garantías de que sea así. El consumidor, presumiblemente, se llevará la parte del león. Pero también surgen outsiders, en los que existen restricciones para invertir, que saltan el “foso” de la complejidad tecnológica y amenazan morder el negocio con una voracidad que no estaba en los cálculos.
La anécdota de CXMT se olvidó dos días después. Tocó lidiar con una convulsión peor: el escozor por la suerte de CoreWeave, una empresa líder en el negocio de los data centers que dan servicios en la nube (neocloud). Su deuda subordinada rendía 500 puntos base sobre la curva del Tesoro en junio y saltó en octubre de 800 a poco más de 1000. La reticencia de los inversores encendió las alertas en sus credit default swaps. La tasa supera 15%. ¿Podrá pagarse? La demanda por data centers vuela. Y también vuelan los recursos para construir la infraestructura. Llueven los contratos a futuro y se dispara la deuda que hay que tomar para satisfacerlos. A CoreWeave le sobraría el cash si dejara de invertir, pero esta es una carrera por llegar primero. Hay que ser muy agresivo si se quiere sobrevivir. En ese sentido, CoreWeave no es la excepción, es la regla. No solo en el rubro de la neonube, en todos los renglones de la IA. Por eso el incidente importa sobremanera.
El pedal de la IA
El auge de la IA exige la construcción de una infraestructura específica (data centers, equipamiento, generación de electricidad, etc.) de extraordinarias dimensiones. Los hiperescaladores de la IA generan montañas de flujos de caja operativos (más de 700 mil millones de dólares entre los cinco principales en 2026). Pero los presupuestos de inversión crecen vertiginosamente. Este año, el flujo de caja propio no les alcanzó. Y forzó una presencia arrolladora de la industria en los mercados de deuda. La suba de las tasas reales es el precio que tienen que afrontar para llevarse la tajada que precisan del ahorro del público. En 2027 se estima que solo esos cinco hiperescaladores deberán invertir 1,2 billones de dólares. Y todavía no se habrá montado la masa crítica de infraestructura que requiere el negocio. El episodio CoreWeave – y hay una legión de otras firmas en circunstancias similares – no revela una pérdida de fe en el negocio de la IA. Lo que cuestiona es si se podrá financiar sobre la base del apalancamiento. La opacidad general de la industria, las financiaciones cruzadas y en las sombras, y las muchas exuberancias que alimenta la bonanza, son ingredientes picantes que aconsejan sumar una capa más espesa de equity para navegar la incertidumbre. La inversión es gigantesca. Y nadie puede asegurar cómo se recuperará. No es nada que no se supiera antes. Lo nuevo es la gran sensibilidad. Y que las dudas se hagan del timón.
La inflación sube (y seguirá trepando). El déficit fiscal, también. Esta semana se conocieron precisiones: pasó de 5,8% del PBI el ejercicio pasado a 6,2%. Y en ese marco las tasas largas cayeron a plomo. ¿Cómo se entiende? Es que se enfrió la visión sobre la dinámica de la IA. Si a los mercados les preocupa el pedal, y el riesgo crediticio, se calmará el motor detrás de la suba de las tasas reales. Ni la inflación ni el déficit fueron su causa. Sí el recalentamiento asociado a la IA y al gasto de capital. Ahora bien, si la fiebre baja unas líneas, pero la guerra continúa, la energía escasea cada vez más y la inflación se eleva, ¿qué derrotero seguirán las tasas largas? En principio, confían en la contención de la política monetaria. La indecisión de la Fed después de la reunión de julio fue también parte del problema. Pero el retoque de tasas de septiembre corrigió la pérdida de credibilidad. Gracias a la forward guidance extraoficial, al mensaje de Williams, Jefferson y Waller, los mercados tienen una brújula que los orienta. La suba de fed funds proseguirá, pero el banco central no tiene urgencias. Así, la inflación subyacente no irá muy lejos. Y se evitarán barquinazos innecesarios.
¿Y se sabe qué piensa el chairman Kevin Warsh? No quiso decirlo en la reunión del FMI. “Ya no estamos en el negocio de la forward guidance”, puntualizó. Prefirió hablar de bueyes perdidos. Lo que se tomó como una confirmación de los dichos de Williams y sus colegas. Después de todo, Warsh tampoco aporta su opinión en el mapa de puntos, pero se admite que es válido igual. A saber, la Fed no hará nada a fin de mes. Y gatillará un aumento de un cuarto de punto en diciembre. Más adelante, verá. Con esa prescripción en mente, las tasas largas se descomprimieron con naturalidad.
¿Y qué hará la Bolsa? Lo que hace siempre: seguirá los pasos de la economía. Si se respetan los límites de velocidad, la economía puede llegar más lejos. Pinchar una burbuja de financiamiento a tiempo, aunque ahora obliga a retroceder, es lo mejor que le podía pasar. En la medida en que la esperanza en la IA no se cancele, el mercado bull no corre peligro. ¿Se habrá roto algo en este encontronazo? Los rumores están a la orden del día. El tiempo lo dirá. CoreWeave no va a caer. Nvidia se ocupará de que no ocurra. Los grandes fabricantes de procesadores – Nvidia, AMD y Broadcom – tienen el cash que otros sospechosos están quemando a cuatro manos. Y aportarán más para preservar los contratos que inflan sus proyecciones de ingresos. Pero puede suceder que algún fondo zozobre. Nada sistémico de no mediar contagio. Contrario sensu, que la curva de bonos tome distancia de un colapso nervioso augura un tránsito con menor riesgo de accidentes.
En el interín, la Bolsa tendrá la guía en tiempo real de la temporada de balances. Y pondrá especial atención en la guidance actualizada de las compañías. Dado el modo risk-off imperante es de esperar que el fuerte crecimiento de la rentabilidad mejore las valuaciones de los papeles si no lo hace con las cotizaciones. Los inversores querrán pagar múltiplos más modestos hasta que aclare el panorama. Y rearmarán sus carteras sin prisa. Reducirán tecnología, el componente que en soledad motorizó los récords de octubre. Y van a acrecentar el resto de los sectores, los que sufrieron el crowding out y corrigieron a lo largo de todo agosto y septiembre. Nadie se sorprenderá con una recuperación liderada por el Dow Jones Industrial en lugar del S&P 500 (o el Nasdaq), auspiciado por los inversores minoristas, que corporice dicha rotación, y aumente sensiblemente la participación. El calendario no impone ningún apuro. Con los precios del surtidor en tan fuerte alza, las posibilidades de una barrida demócrata en las elecciones ya no es una moneda al aire. Es el escenario más probable en dos semanas. Y así no habrá urgencia por posicionarse agresivamente hasta terminar de calibrar su impacto y los manotazos de ahogado de la Administración, antes y después de las urnas.
La fiesta de la IA continuará después de cumplidas las tareas de revisión y control de daños. CXMT, CoreWeave, que venga el próximo. Es el turno de poner las quejas sobre la mesa. Arde París. ¿Será la tormenta perfecta? Hagan juego, señores. El IPO de Anthropic dará vuelta la página. Será el mejor indicador de la predisposición a retomar la exuberancia. OpenAI hace semanas que canceló su colocación y la postergó para 2027. El laboratorio creador de Claude no cambió sus plans. La compañía insiste con la pretensión de sostener una cotización en torno a 2 billones de dólares. No lo conseguirá antes que se termine de asimilar la ola de sobresaltos. Pero su hambre comercial bien puede acelerar su digestión.
Fuente: Ambito